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PERSPECTIVAS DE LA RENOVACIÓN PSICOPEDAGÓGICA
Durante más de un siglo se ha considerado que bastaba con iluminar la mente del individuo para ver efectos en su comportamiento. Además se fomentó la idea de que era suficiente una educación exclusivamente intelectual, para modelar la conducta de cualquier ser humano. Sin embargo, en las últimas décadas se ha realizado un gran avance, en tanto se ha pasado de la prevalencia en lo intelectual, a la prevalencia en lo afectivo-social, en la acción educadora. Se trata de todo un cambio de paradigma.
Este cambio en el énfasis superó la percepción anterior de educación estrictamente intelectual, con vistas a poner el acento sobre la interrelación persona – ambiente dentro de la intervención educativa.
La relación entre exigencias psicológicas y sociales plantea que “Hay que procurar desarrollar y formar, con métodos adaptados a las diversas fases del desarrollo afectivo social, moral y cultural, todas las dimensiones de la personalidad de un individuo”, tomando en consideración que tal evolución, es la condición necesaria y el fundamento para iniciar la vida de integración escolar y construir la personalidad social que hoy por hoy se precisa. La renovación pedagógica con razón ha sido definida entonces como “dirección del crecimiento”. La misma propone como misión principal del educador, el favorecer el movimiento interior, permitir y ayudar el progreso característico de cada etapa y en la misma medida, prevenir todo peligro o síntoma de desviación.
La psicología pedagógica en estas últimas décadas, ha transcurrido por tres momentos: en primer lugar, por la acción educativa que busca formar a personas maduras y equilibradas psíquicamente; en segundo lugar, por los criterios que representan el nuevo camino que ha de recorrerse (interiorización, personalización, actividad educativa, colaboración y trabajo en equipo); en tercer lugar, por los métodos de acción educativa, los cuales no se pueden imponer ya que trata con situaciones sumamente diferentes que se nos presentan en las diversas circunstancias de la vida. En este sentido, el alcance de la renovación psicopedagógica giraría en torno a que estos criterios inspiran los métodos y no limitarlos. La acción educativa ha de tener entonces un carácter activo y no meramente pasivo, considerando al educando no como un objeto sino como un sujeto, siguiendo el axioma de la terapia no directiva: ayudar a que una persona se ayude. (Helena Rodríguez Pulice, Psicóloga. Universidad Especializada de las Américas, UDELAS).
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